Sudáfrica despliega fuerzas de seguridad ante el aumento de las tensiones por la inmigración.
Las autoridades sudafricanas despliegan a la policía y al ejército para prevenir la violencia contra los inmigrantes, mientras que grupos de justicieros han fijado el 30 de junio como fecha límite para que los extranjeros abandonen el país.

Una nación en alerta máxima
Las autoridades sudafricanas han movilizado unidades policiales y recursos militares en ciudades clave, incluidas Johannesburgo y Durban, en una operación de seguridad masiva destinada a prevenir posibles disturbios civiles. Los despliegues se producen tras los llamamientos de grupos paramilitares, en particular «March and March», que emitieron un ultimátum para que los extranjeros indocumentados abandonen el país antes del 30 de junio.
La sombra de la violencia pasada
La enérgica postura de seguridad del gobierno está motivada por un profundo temor a que se repita la catastrófica violencia xenófoba de 2008, que provocó al menos 62 muertos y saqueos generalizados. Los funcionarios también son conscientes de la inestabilidad vivida en julio de 2021, cuando el país fue testigo de los disturbios más graves de la era posterior al apartheid. Los negocios locales en el distrito comercial central de Johannesburgo tomaron la medida preventiva de permanecer cerrados el martes, temiendo el impacto de las protestas pronosticadas.
Retórica de la justicia por mano propia y consecuencias en el mundo real
Si bien los representantes del movimiento 'Marcha y Marcha' han insistido públicamente en una manifestación pacífica, el ambiente en el terreno es cada vez más volátil. Durante varias semanas, se ha documentado que grupos de hombres blandiendo palos y coreando 'abahambe' —un término que pide la salida de los extranjeros— han atacado a comerciantes informales. Informes de Mozambique indican que al menos cinco de sus ciudadanos han muerto en estos incidentes esporádicos y selectivos.
Chivo expiatorio económico y respuesta regional
Sudáfrica, la economía más industrializada del continente, actualmente lucha contra una de las tasas de desempleo más altas del mundo. En este entorno de escasez económica, los residentes nacidos en el extranjero —que representan solo alrededor del 4% de la población— son frecuentemente utilizados como chivos expiatorios por fallas sistémicas. A pesar de la narrativa promovida por los grupos de protesta, las estadísticas oficiales de criminalidad no respaldan la afirmación de que los migrantes sean responsables de la ola de delincuencia en el país. Sin embargo, el temor ha provocado una respuesta diplomática, y varias naciones, entre ellas Nigeria, Ghana y Malawi, han iniciado esfuerzos de repatriación para proteger a sus ciudadanos antes de la fecha límite del 30 de junio.