El ejército de Malí sufre numerosas bajas en la sangrienta batalla por recuperar Anefis.
El general Jean Elysee Dao confirma la muerte de 30 soldados y los heridos en la reconquista de la estratégica ciudad de Anefis por parte del ejército maliense, que estaba en manos de los rebeldes tuareg y los militantes de Al Qaeda.

Victoria sangrienta: La reconquista de Anefis
Las Fuerzas Armadas de Malí han anunciado oficialmente la reconquista de Anefis, una ciudad estratégica del norte, tras una brutal semana de combates urbanos y rurales. Sin embargo, la victoria ha tenido un costo humano devastador. El general Jean Elysee Dao, jefe del ejército, reveló en un discurso televisado que aproximadamente 30 soldados murieron durante la operación, a quienes describió como "mártires caídos". Además de los fallecidos, alrededor de 60 personas resultaron heridas, varias de ellas en estado crítico.
La operación se lanzó para desalojar a una coalición de rebeldes y militantes que habían tomado la ciudad durante una ola de asaltos coordinados el 4 de julio. Anefis tiene un valor estratégico significativo debido a su ubicación, situada aproximadamente a 100 kilómetros (62 millas) del bastión rebelde de Kidal, lo que la convierte en una puerta de entrada vital para los movimientos militares en la región norte.
Una alianza peligrosa: separatistas y yihadistas
La toma de Anefis fue orquestada por una improbable pero letal alianza entre separatistas tuareg, específicamente el Frente de Liberación de Azawad (FLA), y militantes vinculados a al-Qaeda. Aunque estos grupos suelen mantener objetivos ideológicos divergentes —el FLA busca un estado independiente en el norte de Malí y el Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), vinculado a Al Qaeda, aspira a un califato religioso más amplio—, han cooperado cada vez más para desestabilizar al gobierno militar de Bamako.
El FLA emitió un comunicado tras la batalla, reconociendo la pérdida de algunos de sus "mejores combatientes", pero afirmando haber infligido las "mayores pérdidas materiales y humanas" que el ejército maliense haya enfrentado jamás en esa región específica. Esta lucha por el territorio pone de relieve la naturaleza precaria del conflicto, donde las pequeñas ciudades se convierten en focos de conflictos geopolíticos de mayor envergadura.
Una década de inestabilidad
Malí sigue sumido en una crisis multifacética que incluye volatilidad política, desastre humanitario e inseguridad generalizada. La actual administración militar ha modificado su estrategia de seguridad, alejándose de las alianzas occidentales tradicionales y apoyándose fuertemente en el apoyo paramilitar ruso para recuperar territorio de los grupos insurgentes.
La reciente violencia no es un incidente aislado, sino parte de una escalada más amplia. A finales de abril, la misma coalición de grupos armados lanzó una serie de ataques coordinados en todo el país. Esa ofensiva resultó en la muerte del Ministro de Defensa Sadio Camara y condujo a la audaz declaración de un asedio a la capital, Bamako, lo que indica que los insurgentes tienen la capacidad de atacar profundamente en el corazón del estado.
El camino a seguir: implicaciones estratégicas
La reconquista de Anefis es una victoria táctica para el General Dao y el estado maliense, pero la alta tasa de bajas subraya la resistencia y letalidad de la insurgencia del norte. Con Kidal aún bajo control rebelde y el JNIM manteniendo el control sobre vastas extensiones de territorio rural, el ejército maliense se enfrenta a una agotadora guerra de desgaste. A medida que el gobierno fortalece sus vínculos con agentes rusos e intenta sortear obstáculos diplomáticos —como el reciente restablecimiento de relaciones con Argelia—, la población civil permanece atrapada en el fuego cruzado, enfrentando una grave inseguridad alimentaria y desplazamientos a medida que se intensifica la batalla por el norte.