Dominio estratégico: Cómo China se convirtió en el único beneficiario de la crisis energética de Oriente Medio.
Un nuevo informe revela cómo las estratégicas reservas de petróleo de China y su dominio en las energías renovables la han convertido en la única ganadora de la crisis del estrecho de Ormuz.

La crisis de Ormuz: una conmoción energética global
El panorama geopolítico de Oriente Medio se sumió en el caos tras los ataques militares conjuntos de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, dirigidos contra instalaciones clave del gobierno y el ejército iraníes. La escalada resultó en la muerte del líder supremo de Irán, Ali Khamenei, y desencadenó el cierre del estrecho de Ormuz como represalia. Al ser uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más críticos del mundo, el cierre prácticamente detuvo el flujo de petróleo y gas natural licuado (GNL), disparando los precios mundiales de la energía y dejando a muchas economías asiáticas vulnerables.
El impacto fue desproporcionado en toda la región. Antes del bloqueo, aproximadamente el 80% del petróleo y casi el 90% del GNL que transitaban por el estrecho tenían como destino los mercados asiáticos. Mientras que naciones como India, Japón y Corea del Sur enfrentaron fuertes vientos en contra en sus economías, un nuevo informe del grupo de expertos Asia Group concluye que China no solo capeó la tormenta, sino que emergió como el principal ganador del conflicto.
El escudo de las reservas estratégicas
La capacidad de China para resistir el impacto inmediato de la crisis energética no fue casualidad, sino el resultado de una planificación estratégica a largo plazo. El informe destaca la agresiva estrategia de almacenamiento de Beijing, que se intensificó en 2025 cuando China aprovechó los bajos precios mundiales para reforzar sus reservas.
Según un análisis de Erica Downs del Centro de Política Energética Global, las importaciones de crudo de China aumentaron de 11,1 millones de barriles por día a 11,6 millones en 2025, y más del 80% de ese aumento se desvió a reservas estratégicas. Para enero, China poseía suficientes reservas para cubrir 104 días de importaciones, lo que proporcionó un colchón crítico del que carecían sus pares regionales.
Una revolución verde como arma económica
Más allá de las reservas de petróleo, la enorme inversión de China en energías renovables ha transformado su perfil de seguridad energética. Pekín ha dado un giro agresivo hacia un futuro sin combustibles fósiles, instalando 315 GW de nueva capacidad solar solo el año pasado, lo que representa más de la mitad de las nuevas instalaciones solares del mundo.
Con 1,4 teravatios de capacidad renovable operativa ya en línea, China está bien encaminada hacia su objetivo de 2030 de que la mitad de su energía provenga de fuentes no fósiles. Aunque el carbón todavía representa más del 50% de su matriz energética, el rápido crecimiento de la energía eólica y solar (con el objetivo de alcanzar una participación del 30% para 2030) ha reducido significativamente su dependencia del volátil corredor de Oriente Medio.
Aprovechando la desesperación global
La crisis ha creado una bonanza económica secundaria para Pekín. Mientras otras naciones se esfuerzan por reducir su dependencia del petróleo de Oriente Medio para evitar futuras crisis, han acelerado sus propias transiciones hacia la energía limpia. Dado que China domina la cadena de suministro global de paneles solares y vehículos eléctricos (VE), este cambio en la política global impulsa directamente las exportaciones chinas.
Los datos reflejan este aumento: las exportaciones chinas de VE se dispararon en más del 110% en mayo en comparación con el año anterior, y los envíos solares aumentaron en un 60% en abril. Al exportar estas tecnologías a precios competitivos, Pekín está consolidando su dominio industrial sobre la transición verde.
El Gambito Geopolítico
Desde una perspectiva diplomática, el conflicto sirve como una poderosa herramienta narrativa para Pekín. Al pedir un alto el fuego y reunirse con el liderazgo estadounidense, China se posiciona como la fuerza racional y estabilizadora en contraste con Estados Unidos, que según el informe de Asia Group ahora se presenta como el "actor desestabilizador" cuyos enredos imponen costos a la economía global.
Sin embargo, la victoria no está exenta de riesgos. Analistas como Drew Thompson señalan que China no desea suplantar a Washington como proveedor de seguridad o hegemonía de la región. Además, Wen-Ti Sung, del Atlantic Council, sugiere que la dificultad de navegar en aguas hostiles en Oriente Medio puede servir como advertencia para Pekín respecto a cualquier posible acción militar contra Taiwán. En definitiva, el informe concluye que China no considera la actual inestabilidad global como una amenaza existencial, sino como una serie de desafíos manejables y oportunidades para alcanzar el liderazgo mundial.