De zonas de guerra a lugares de acogida: La milagrosa supervivencia y el viaje de Amal Sahel.
Descubre la desgarradora historia de Amal Sahel, una refugiada yemení que sobrevivió a bombas sin explotar, a la persecución de los hutíes y a peligrosas travesías marítimas para encontrar seguridad en el Reino Unido.

La inocencia perdida: Una infancia entre escombros
Para muchos niños, los restos de una calle de la ciudad son patios de juegos. Para Amal Sahel, eran trampas mortales. A los 15 años, en un Yemen que se hundía rápidamente en el caos de la guerra civil, Sahel y sus amigos descubrieron lo que creían que era una espada improvisada: un largo trozo de metal abandonado en la calle. En realidad, era un fragmento de munición sin explotar, dejado atrás por repetidos bombardeos aéreos.
La tragedia se produjo en un instante. Mientras Sahel estaba dentro de su casa entrenando boxeo, una explosión sacudió el vecindario. Al salir, se encontró con una escena de carnicería: amigos empapados en sangre y un compañero muerto al instante con un proyectil atravesándole el cuello. Este evento traumático sirvió como una sombría introducción a una vida que estaría definida por la supervivencia y los escapes por los pelos.
Una nación en colapso: El declive de Yemen
Antes de que el conflicto estallara en septiembre de 2014, Sahel recuerda Yemen como un paraíso. Con un padre que era profesor universitario, su crianza fue estable y rodeado de la belleza de los paisajes del Golfo. Sin embargo, el inicio de la guerra civil transformó su ciudad natal en una fortaleza de guardias y arena negra, arrasada por implacables campañas de bombardeo.
Cuando los rebeldes hutíes tomaron el control, la atmósfera cambió de la paz comunitaria al miedo generalizado. Sahel intentó protegerse del horror centrándose en sus estudios y su pasión por la fotografía y el modelaje, con la esperanza de lanzar eventualmente su propio negocio. Esta ambición, sin embargo, pronto lo convertiría en un objetivo.
El precio de la educación y el arte
La fluidez de Sahel en inglés y su trabajo como fotógrafo despertaron las sospechas de los soldados hutíes. Durante una sesión de fotos en un parque local, fue violentamente detenido, acusado de espiar para el Reino Unido y Estados Unidos, y llevado a un cuartel militar donde fue brutalmente golpeado.
La persecución no terminó con su liberación. Los rebeldes reconocieron su educación y sus habilidades lingüísticas, e intentaron coaccionarlo para que se uniera a sus filas como administrador. Sahel conocía la realidad de tales "nombramientos": muchos niños de tan solo 14 años eran reclutados, solo para que a sus familias se les dijera que habían "ido al cielo" después de su muerte. Sintiéndose como un hombre perseguido, se dio cuenta de que quedarse en Yemen era una sentencia de muerte.
El peligroso camino a Europa
En 2023, a los 21 años, Sahel huyó a Egipto, pero no encontró allí un verdadero refugio, enfrentando la constante amenaza de ser deportado de vuelta a la zona de guerra. Su desesperación lo llevó a Turquía, donde se embarcó en un viaje traicionero hacia Grecia.
La travesía resultó ser su tercer encuentro con la muerte. Obligado a meterse en el agua por traficantes para evadir a la guardia costera griega, Sahel presenció cómo un chico de 16 años se ahogaba. En un intento desinteresado por salvar al joven, Sahel se vio arrastrado bajo el agua, luchando por respirar mientras intentaba sostener al adolescente que luchaba por mantenerse a flote. Después de escapar por poco de las olas, soportó una agotadora caminata de cinco horas a través de las montañas para llegar a un lugar seguro, solo para ser tratado como un criminal al llegar a Grecia.
La travesía final: una búsqueda de humanidad
Al enterarse de que el Reino Unido seguía siendo uno de los pocos lugares que ofrecían asilo genuino, Sahel viajó a Calais, Francia, a finales de 2024. El viaje a través del Canal de la Mancha estuvo plagado de más que la gélida lluvia de diciembre; sobrevivió a un violento tiroteo entre traficantes rivales que dispararon contra los migrantes sin provocación.
A pesar del terror, Sahel llegó al Reino Unido a principios de diciembre, donde experimentó un profundo cambio emocional. "Había pasado mucho tiempo sin ver a la gente sonreír hasta que llegué al Reino Unido", reflexiona. Por primera vez en casi una década, la constante adrenalina de la supervivencia fue reemplazada por una sensación de bienvenida y seguridad.
Mirando hacia el futuro: El cielo en manos del diablo
Ahora que tiene permiso legal para trabajar y residir en el Reino Unido, Sahel ve su tierra natal con una compleja mezcla de amor y odio, describiendo Yemen como "el cielo en manos del diablo". Si bien extraña profundamente su tierra, está resuelto en su deseo de construir una vida definida por la paz y la contribución en lugar de la violencia.
"No quiero que me disparen en la calle y morir sin sentido", dice. "Quiero ser alguien importante en el mundo y ser conocido como una buena persona". Para Amal Sahel, el viaje no se trató solo de cruzar fronteras, sino de recuperar el derecho a un futuro.