Atrapados en el limbo: Los refugiados cubanos afectados por la campaña de deportación masiva de Trump a México.
Descubre las desgarradoras historias de los refugiados cubanos deportados a México en el marco de la campaña de deportación masiva de Donald Trump y el controvertido "acuerdo no escrito" que la sustenta.

El costo humano de una nueva era de deportaciones
En una lúgubre residencia escondida en una calle sin salida en Palenque, al sur de México, tres ancianos cubanos pasan sus días en un estado de animación suspendida. Ricardo Scull Delgado, Ernesto Pérez Chapman y Lázaro Díaz García, todos septuagenarios, pasan las horas jugando dominó, viendo películas de Hollywood y juntando sus escasas monedas para poder subsistir. Para estos hombres, el sueño de libertad que persiguieron hace décadas se ha transformado en una pesadilla de desarraigo.
Los tres llegaron a Estados Unidos en 1980, huyendo de la represión y las dificultades económicas de la Cuba comunista. Ahora, después de pasar casi medio siglo construyendo vidas, familias y carreras en Estados Unidos, han sido expulsados como parte de la agresiva campaña de deportación masiva del presidente Donald Trump. Su viaje fuera de los EE. UU. fue desgarrador: amontonados en un autobús en Arizona y conducidos hacia el sur durante tres días consecutivos, finalmente fueron abandonados en una acera bajo la lluvia torrencial en Palenque, cerca de la frontera con Guatemala.
Del éxodo de Mariel a la expulsión forzosa
Para Ricardo Scull Delgado, el viaje a Estados Unidos comenzó con el histórico éxodo de Mariel de 1980. Junto con otras 125.000 personas, navegó a través del estrecho de Florida para escapar del servicio militar y la persecución política. En ese momento, el presidente Jimmy Carter recibió a los refugiados con "corazón y brazos abiertos", viéndolos como símbolos de la lucha contra la dominación comunista.
Durante las décadas siguientes, Scull Delgado se integró en la sociedad estadounidense, se casó con una ciudadana estadounidense y crió a tres hijos. Sin embargo, un "desliz" criminal en la década de 1990 dejó una marca permanente en su historial. A pesar de haber cumplido su condena y haber llevado una vida respetuosa de la ley durante más de 30 años, fue arrestado por agentes de inmigración durante un control rutinario. Fue deportado apenas un mes antes de su jubilación programada, perdiendo los beneficios que había ganado con toda una vida de trabajo.
Los "perros" de la frontera: Deportaciones escenificadas
La experiencia de otros deportados pone de manifiesto un patrón de crueldad percibida. Orlando Martínez Mendoza, de 48 años, describe un proceso calculado de intimidación. Arrestado durante una audiencia judicial por una simple infracción de exceso de velocidad en Tennessee, Mendoza fue trasladado a través de varios centros de detención, incluida la tristemente célebre Penitenciaría Estatal de Luisiana (Angola). Afirma que su traslado fue escenificado para los medios de comunicación, con sirenas policiales y cámaras grabando para dar la imagen de que "los mayores criminales del país" estaban siendo expulsados.
Finalmente, Mendoza fue transportado a Palenque y dejado frente a la Comisión Mexicana de Asistencia a los Refugiados (COMAR). "Nos dejaron justo frente a COMAR como si fuéramos perros", recordó. Si bien el Departamento de Seguridad Nacional ha resaltado la condena anterior de Mendoza por venta de cocaína para justificar su expulsión, su historia refleja una tendencia más amplia de aplicación agresiva de la ley.
El área gris legal: el "acuerdo no escrito"
La deportación de cubanos a México representa un giro radical en la política estadounidense de larga data. Históricamente, Estados Unidos protegió a los cubanos porque el gobierno cubano frecuentemente rechazaba a los deportados. Sin embargo, la administración Trump ha virado cada vez más hacia las "deportaciones a terceros países", enviando a los nacionales a países donde no tienen vínculos familiares, lingüísticos o legales.
La investigadora de Human Rights Watch, Alcira Silva Hava, argumenta que esta práctica es una clara violación del debido proceso. La investigación de Hava indica que aproximadamente 4.353 cubanos fueron deportados a México entre el inicio del segundo mandato de Trump y marzo de 2026. Es crucial que sus datos sugieran que el 27% de estas personas no tenían antecedentes penales, mientras que el 16% tenían cargos pendientes y fueron deportados sin haber visto nunca a un juez.
Para complicar aún más el asunto, se reveló un acuerdo secreto. En una presentación ante un tribunal federal de Massachusetts, los abogados de la administración Trump admitieron que "aproximadamente 6.000 ciudadanos cubanos" habían sido deportados a México con base en un "acuerdo vigente (no escrito)". Esta admisión provocó la indignación del juez William Young, quien cuestionó la legalidad y el secreto de tal acuerdo, exigiendo conocer los procedimientos seguidos para estas miles de personas.
Un futuro de incertidumbre
Actualmente, los deportados en Palenque existen en un vacío legal. Están esperando solicitudes de asilo del gobierno mexicano; Hasta que se apruebe su solicitud, no tienen derecho legal a trabajar, ni acceso al sistema bancario, ni atención médica. Sobreviven gracias a la caridad de desconocidos y a pequeñas remesas de familiares que se quedaron en Estados Unidos. Para hombres como Scull Delgado, el dolor no es solo económico, sino también emocional. «[Trump] me separó de mi esposa. Me separó de la gente que amo», dijo. Muchos de estos hombres ahora se aferran a una sola esperanza: que unas futuras elecciones estadounidenses traigan un cambio de administración y un camino de regreso a los hogares que construyeron durante cuatro décadas.