Apuestas estratégicas en el Golfo: ¿Podría Estados Unidos tomar el control de las islas del sur de Irán?
Los analistas examinan la viabilidad militar y política de que Estados Unidos tome el control de las islas del sur de Irán en medio de la escalada del conflicto en el Golfo Pérsico.

Introducción: Un nuevo punto crítico en el Golfo Pérsico
A medida que aumentan las tensiones en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el enfoque militar se ha desplazado hacia las estratégicas aguas del Golfo Pérsico. Los recientes ataques estadounidenses contra las islas de Qeshm, Kish y Abu Musa, junto con el intenso bombardeo de ciudades costeras como Bandar Abbas, han reavivado una cuestión geopolítica crucial: ¿Está Washington planeando una toma territorial de territorio iraní?
Si bien tal acción sería un espectáculo militar dramático, los analistas de seguridad advierten que las recompensas estratégicas podrían verse ampliamente superadas por los enormes costos y riesgos políticos. La posibilidad de una operación terrestre surgió por primera vez en marzo, con informes de los preparativos del Departamento de Defensa para incursiones en la isla de Kharg, el epicentro de las exportaciones de petróleo crudo de Irán. Aunque un memorando de entendimiento firmado el 17 de junio calmó brevemente estos temores, los recientes comentarios del presidente Donald Trump, quien se negó a descartar tales operaciones, han vuelto a poner el escenario en el centro de las discusiones sobre seguridad internacional.
La realidad táctica: capacidad vs. sostenibilidad
Desde un punto de vista puramente técnico, Estados Unidos posee el abrumador poder naval, aéreo y anfibio necesario para capturar islas iraníes. Con aproximadamente 50.000 soldados estacionados en todo Oriente Medio, Estados Unidos mantiene la infraestructura logística para ejecutar una toma rápida. Sin embargo, los expertos distinguen entre el acto de capturar territorio y la capacidad de mantenerlo.
Andreas Krieg, profesor asociado de estudios de seguridad en el King's College de Londres, señala que si bien pequeños puestos avanzados como Hengam podrían ser tomados rápidamente, islas más grandes como Qeshm presentan un desafío diferente. La proximidad de Qeshm al territorio continental iraní la hace vulnerable al fuego constante de artillería, ataques con drones y bombardeos de misiles. En consecuencia, cualquier guarnición estadounidense en estas islas no sería una base segura, sino más bien un objetivo sometido a un desgaste continuo.
El costo humano y político de la ocupación
Una campaña anfibia de esta magnitud requeriría un inmenso compromiso de personal. Las estimaciones sugieren que incluso una operación "limitada" requeriría entre 5.000 y 10.000 efectivos, incluyendo tropas de combate, ingenieros, apoyo médico y unidades de defensa aérea. La cadena logística necesaria para abastecer a estas tropas —atravesando aguas llenas de minas y drones iraníes— convertiría la misión en un compromiso indefinido de sostenimiento en lugar de una victoria táctica.
Más allá de los riesgos militares, la reacción política dentro de Estados Unidos sería significativa. Nader Hashemi, profesor de política de Oriente Medio en la Universidad de Georgetown, sugiere que el costo político interno, particularmente entre la base "MAGA", sería inmenso. El espectro de una "guerra sin fin" y las comparaciones con la guerra de Irak hacen que una ocupación territorial sea una apuesta de alto riesgo que pocos en Washington están realmente dispuestos a correr.
La falacia estratégica de la toma de islas
El argumento central para tomar las islas suele ser el deseo de asegurar el estrecho de Ormuz y garantizar la libertad de navegación. Sin embargo, los analistas argumentan que ocupar una isla no neutraliza realmente la capacidad de Irán para interrumpir el transporte marítimo. Las baterías de misiles, los sitios de lanzamiento de drones y los centros de mando de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán son en gran medida móviles o están escondidos en lo profundo del territorio continental.
Para impedir realmente que Irán cierre el estrecho, Estados Unidos tendría que ocupar una porción significativa de la costa sur, lo que efectivamente convertiría una disputa marítima en una guerra terrestre a gran escala. Sin tal escalada, Estados Unidos simplemente tendría "pasivos políticos": territorios que ofrecen poca ventaja estratégica y que invitan a constantes represalias iraníes.
Implicaciones globales para la energía y el comercio
Las consecuencias de una toma de control estadounidense se extenderían mucho más allá de la zona de combate inmediata. Teherán consideraría una toma de control territorial como un acto definitivo de agresión, que probablemente desencadenaría un esfuerzo total para minar el Estrecho de Ormuz y atacar la infraestructura energética del Golfo. Esto provocaría un aumento vertiginoso de los precios mundiales del petróleo y un incremento drástico de las primas de seguros para el transporte marítimo comercial.
Además, tal medida tensaría las relaciones con los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Si bien estos aliados desean un Estrecho de Ormuz seguro, desconfían de convertirse en bases para una ocupación estadounidense, temiendo que su propio territorio se convierta en objetivo principal de las represalias iraníes. En última instancia, lo que comienza como una misión para proteger el comercio podría terminar desestabilizando permanentemente el corredor energético más vital del mundo.